Rea Maráczi: Padre nuestro

Rea Maráczi: Padre nuestro
Padre nuestro, que estás en el cielo,
Arriba, en las alturas inalcanzables.
Abajo, en profundidades insondables.
Afuera, en la diversidad del mundo,
y adentro, en nuestro refugio quieto.
Santificado sea tu nombre,
y todo lo que vive bajo el cielo,
porque tú te reflejas en todo lo vivo,
ya tu chispa eterna reside en ellos,
solo debe encenderse con fuegos divinos.
Venga a nosotros tu reino,
que el paraíso baja a la tierra,
vivamos en amor, en unidad divina.
Y si seguimos la voz de nuestra alma,
ya no serán necesarias las leyes humanas.
Hágase tu voluntad, no la nuestra,
porque nos guían deseo y fantasía.
Pero tú ves también lo que nos eleva,
lo que nos ennoblece y nos ilumina,
y nos transforma a tu imagen y semejanza.
En la tierra como en el cielo.
Si se hace realidad el paraíso,
no habrá más mendigos, enfermos, ciegos;
y no habrá ira, tristeza ni odio,
el amor va a llenar los corazones humanos.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
No deseamos más, solo lo fundamental,
así llega allí, donde hay carencias.
Alimenta nuestro cuerpo, y alma,
para servirte aún mejor con toda la fuerza.
Perdona nuestras ofensas,
las que hemos cometido en el pasado,
y las que cometeremos en el futuro.
¡Que sean nobles nuestros pensamientos,
correctos los actos y puros los sentimientos!
Como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
El otro ser también es tu creación.
¿Así con qué derecho podría juzgarlo?
Tú lo sabes bien, yo tampoco soy mejor,
así que perdono y recibo absolución.
No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.
Protégenos, Señor, porque somos débiles,
nos inclinamos, si soplan brisas suaves.
Fortalécenos para que crezcamos grandes,
y seamos frondosos, como árboles frutales.
Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria.
Todo lo que tenemos, sin duda, es tuyo,
todo lo que pensamos que era nuestro.
Nuestros pensamientos, palabras, actos,
los creaste y los hiciste crecer en nosotros.
Solo al final del camino me di cuenta,
cuánto me amas, me proteges y apoyas.
Todos mis sueños, apetencias puras,
al final escuchaste y hiciste realidad.
Y por haberme dado la conciencia
con la que puedo experimentar tu verdadera esencia,
¡te doy las gracias!
Por siempre, Amén.